País de «violadores» que el Estado no quiere cambiar

“Este país de violadores tiene que cambiar”, dijo con postiza indignación la ministra de la mujer mientras hablaba de su lucha para reducir la violencia contra la mujer. Sin duda, tan execrable tara social debe erradicarse; pero jamás se logrará con mandiles rosados, más años de cárcel y registros para acosadores y violadores.

La ministra ha puesto en el cuello de los peruanos el oprobioso cartel de violadores y exhibe como gran avance la construcción de más Centros Emergencia Mujer; las ONG piden más casas de refugio; las mujeres lastimadas por espantosos feminicidios, exigen pena de muerte, y no faltan avispadas exigiendo al Estado un pequeño capital para que las violentadas se empoderen frente a la violencia masculina.

Las estadísticas son de pavor y sería ocioso mostrarlas pues, siendo muestra palpable de lo que ocurre, evidencian también el fracaso del Estado en la atención de un problema que se aborda reactivamente solo en sus consecuencias, pero jamás en su verdadera causa.

Este tipo de violencia tiene origen en esa cultura patriarcal heredada de los antiguos peruanos y de su sincretismo con creencias como aquella de que la mujer salió de una costilla nuestra; así, el peruano promedio, culturalmente puede sentirse dueño de los gustos, usos y conductas de una mujer, pretendiendo que su vida le pertenece e incluso, disponiendo de ella violentamente cuando su salud mental es desbordada por la pasión y el desvarío cometiendo feminicidio; no asumiendo que el problema es cultural y de salud pública.

Si el Estado quisiera atacar las causas de la violencia contra la mujer, tendría que aplicar políticas públicas, como disponer la obligatoriedad que todo colegio primario, sea público, parroquial o privado, deba ser mixto; diseñando currículas que fomenten la igualdad, la equidad y la convivencia sana entre niñas y niños. Ello sería sembrar la semilla para construir a mediano plazo, una cultura opuesta al machismo y a la violencia de género, sin descuidar la salud mental de los ciudadanos. Es lo que se debe hacer y no calificar a los peruanos como violadores.

POSDATA: Quien esto escribe, hace algunos meses fue llevado ante un juzgado por una funcionaria del PEIHAP quien pretendía que denunciar algunos delitos y la ilegalidad de su designación, es violencia contra la mujer. Juzgue usted.

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