
La corrupción tiene similitudes y diferencias con la pandemia. También tiene una “curva” que se ha quedado en lo alto de la meseta, hace mucho daño destruyendo nuestro desarrollo y sólo podremos librarnos de ella con la participación de todos; la diferencia con el Covid-19 es que sí es un enemigo visible y para combatirse requiere un cambio interno más profundo en valores.
Este flagelo ha escalado más en pandemia porque el problema de los estados de emergencia es que crean oportunidades de corrupción, debido a que eliminan los filtros para gastar los presupuestos públicos. Finalmente, más que generar una respuesta rápida, termina siendo una puerta abierta para robar.
El diagnóstico de esta lacra social es doloroso en nuestra región, la Fiscalía Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios viene investigando 70 casos en los que se habría incurrido en este delito, en compras de respiradores, ventiladores, útiles de aseo y limpieza, equipos de protección personal. Asimismo, 151 servidores públicos habrían recibido la canasta de víveres destinada a los sectores más vulnerables.
Nos encontramos en un estado de “cuidados intensivos”, porque de acuerdo al Informe de la Contraloría General de la República, en su primer ranking de las regiones con mayores índices de corrupción, Piura ocupa un deshonroso primer lugar después de Lima y Callao, registrando 1,039 millones de soles de perjuicio económico en diferentes obras públicas durante el 2019.
La corrupción genera deficiencias, retraso y paralización en la ejecución de las obras y servicios para la población. Como lo menciona el gerente regional de Contraloría, si no se hubiese perpetrado este desfalco se hubieran podido construir dos hospitales de alta complejidad, de 500 millones cada uno. Como el Covid, este cáncer de la corrupción en tiempos de pandemia también mata, porque impide hacer frente a esta terrible crisis.
Hace falta que los piuranos organizados luchemos en primera línea, a través de la vigilancia y participación como veedores y monitores ciudadanos, exigiendo información transparente, a través del ejercicio del control social que es un derecho ciudadano y un deber.
Precisamente, la asociación civil Vigilia Ciudadana cumple tres años de trabajo en este frente, investigando y poniendo los reflectores en casos en los que se evidencian situaciones irregulares, haciéndolos de conocimiento de la ciudadanía y poniéndolos en agenda pública a través de los medios de comunicación con buenos resultados, lográndose la intervención de las autoridades respectivas.
En el fondo la corrupción es un tema de falta de integridad, de valores y de ética, la única “vacuna” que nos puede inmunizar.